Hipnopompia
Manual para dilatar las pupilas.
domingo, 3 de octubre de 2010
Largo Adiós
jueves, 30 de septiembre de 2010
Pleamar y mis redes no están recogidas
domingo, 10 de enero de 2010
¡Cómo estás en mi garganta!
domingo, 4 de octubre de 2009
Caminaba por el filo de las veredas
Hoy siento necesidad de verte. Hoy siento que he dejado de jugar la vida. Que sin querer, irremediablemente, el juego ha terminado. Hoy empiezo a recordar lo que aprendí mientras pateaba piedras en la calle o caminaba por el filo de las veredas. No te asustes aún. No. ¿Crees que no me doy cuenta de lo que te estoy diciendo? Es verdad. Creo que llegó la hora de tomar las cosas enserio y dejar de corretear sin mirar al frente. No. ja! No tiene nada que ver con sentar cabeza y pensar en un futuro o en una familia. Sabes que odio esas cosas. Es todo ese ruido en mi cabeza cada vez que me callo para lograr escucharte sin conseguirlo jamás. Es toda esa luz quemada que ciega todo intento de ponerse de pie. Es la explosión de gas en el final del día, bailando endiablado en el horizonte y apuntándome brutalmente a los ojos cada vez que intento pensarte. Es eso lo que ha puesto fin al juego. Nada más.
Tu sigues siendo mi juguete. Más bien creo que pasaste de pieza, a tablero. Ríe. Sí JA ja ja ja. Sigue riendo por favor que eso siempre me dio fuerzas aún cuando peleaba contra ti. Sabes que sigo recordando y me veo aprendiendo a saltar en patines y alzando la llanta delantera de la bicicleta. Me veo pequeño, con brillo en los ojos, costra en las rodillas, y el infinito vació en el pecho… que nunca me ha abandonado.
Recuerdo esto porque necesito saber como se debe jugar. Sí, he dicho que el juego a terminado pero no la vida. La vida continua, antes la jugaba y hoy la voy a vivir.
Es terrible el miedo.
¿Me has creído una palabra de lo que has oído?
Es lata todo que he dicho hasta ahora.
En realidad no creo nada de lo que he dicho. Solo quería escribirte algo. De repente miré hacia arriba y una gota de tu color empezó a caerme en la cabeza. Fue divertido al principio pero luego el malestar aumentó al punto de querer lanzarme por la ventana, llamarte por teléfono, verte, solo verte. Pero me escupí las manos con cemento y a los pies los insulté con clavos de acero inoxidable. Siempre he temido a las enfermedades infecciosas.
Estoy sin saber que decirte para hablarte. Estoy sin saber que mostrarte para verte. Es estúpido pero me parece aun necesario. Sería increíble sentarte en la arena caliente de un parque y mostrarte el mar azul infinito del cielo, diciendo que frente a ti, pasando ese río sucio de autos y esa selva de animales fríos, está el mar de verdad y la arena para hacer castillos. ¿No los ves? ¿Inténtalo? Créeme. Esta vez no te estoy mintiendo. Inténtalo. Juguemos un poco.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Ojalá nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna
Ojala nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna.
El sol en la mañana se levanta gritando con un estruendo silencioso,
despertando a los pájaros, a las fieras, a todo lo que de él se nutre.
La luna tranquila se asoma por un lado, a veces coqueta, a veces tímida.
Pocas veces se levanta temprano para verle a él. La mayoría del tiempo cada uno pasa por su lado.
El sol de una energía espléndidamente expansiva logra ver en el día el horizonte sin ninguna dificultad. Es territorial, le importa ver hasta donde puede llegar en realidad lo que quiere es ocuparlo todo, conquistarlo todo.
La luna no es territorial, su preocupación es el tiempo. En la noche no podrá ver toda la tierra, pero contará su pasó en el tiempo. Ella misma siente en su ser el estremecimiento de cada día. Todo el tiempo siente el movimiento del tiempo dentro de ella, una vez al mes su hermosura se desborda por todos lados, tanto es así que parece un círculo perfecto.
El sol es el que provee, la luna la que guarda, conserva en su frío la abundancia del calor.
Como quisiera que nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna, para poder verte y no verte todos los días en la misma medida.


