domingo, 3 de octubre de 2010

Largo Adiós


 
Quiero irme largo de vos,
donde los ojos rezan a los astros,
y escribirte como nos escribimos besos ajenos en los labios.
Largo y que no canse,
un viaje a lo lejano de tu mirada allá donde el mar no crece,
donde la luna el espejo pierde.

Sé que te quiero lejos
como los peces a los marineros,
y hundo —largo— el remo,
para adentrarme en la línea
de las estrellas marinas
y los azulejos.

Hacerme viejo remando y si muero
morir largo en flotante barco velero
y que mi viaje se haga sal.
‹‹Nadie como yo nació para Marinero››

Dormiré complacido —largo sueño de poeta sin poesía—
de ser antena de cartas en botella y cefaleas marinas,
que guía a tierra la lluvia de los ojos
que miran las estrellas
de la casa de Pólux y Casiopía.

Dormiré largo en mi sueño estrellado
lejos de vos escribiéndote en los labios
que si vas al Mar en busca de descanso
‹‹Yo soy antena de los enamorados››.
                                       AW


jueves, 30 de septiembre de 2010

Pleamar y mis redes no están recogidas


Pleamar y mis redes no están recogidas. Los cangrejos diminutos me pellizcan los recuerdos que me brotan por la piel y por la arena —¡Ay! Se han agarrado de mi tristeza—. Tu foto me va resbalando desde los ojos formando un hilo de agua que se mezcla con el mar. El deshilado cabo de la red me cuelga de la mano y se sumerge mojando mis ganas de olvidar ‹‹regresar a tierra firme››. Pleamar el agua me crece a las rodillas. Mi red a enganchado una púa a la aleta dorsal de una ballena que ha emergido de las profundidades por un poco de aire —por favor, un poco de aire—. ¿Cuándo te fuiste? ¿Cuándo tus manos dejaron de pescar las estrellas marinas para alumbrar la noche de mi alma? ¿Cuándo tus labios dejaron de besar el agua que me saciaba? ¿Cuándo tus aguas dejaron de bañar mis manos que te besaban?, pleamar y mis redes no están recogidas. ‹‹Ahora me quedan solo tus palabras revueltas en las olas de pleamar que me suben hasta la cintura mientras por el pecho se me fuga la tristeza››. Y esta ballena que me pescó agarrado el cabo deshilado de la red ‹‹ahogada›› me está arrastrando largo —te sufro largo, como me quisiste escribir largo, como nos quisimos querer largo— Pleamar ¡ahora me abraza la garganta! y los cangrejos se trepan a mis cabellos pellizcando mi nariz y mis orejas, por la boca me emborracho de tu foto disuelta —en mi tristeza—. Pleamar de espuma ‹‹el mundo es arrastrado por una ballena››.
AW

domingo, 10 de enero de 2010

¡Cómo estás en mi garganta!



Ven. Quiero abrazarte.
Solo deja que pose
el lado interno de mis brazos
a cada lado de tus caderas.

Ven. Quiero olerte.
Percibir el aroma de tu suéter
que atrapa el sabor de tu piel.

Ven. Regálame tu bufanda.
Pásamela por el cuello
y si quieres hala.
¡Solo hala!
Por favor hala.
Ven. Déjame mirarte.
No vires el rostro ahora,
la vida me queda sin verte,
no es necesario que me mires.
No hablarte, quiero verte.
Ver lo que era mi felicidad,
mi corazón salta ante tus ojos,
destructiva sensación
de que solo tú existes.

Ven. Déjame abrazarte.
Deja que pose mi cabeza
entre tu cuello y tu hombro,
déjame cerrar los ojos y olerte,
y verte y no hablarte,
y dejar que el tiempo pase,
esperar que llegue la muerte
y que por suerte me lleve,
que tú no te vayas y yo no me quede.

Si quieres habla,
que mucho más me elevo.

Si quieres al final
deja entreabierta la boca,
como la puerta de tu casa que ya no visito
en donde ya no puedo entrar.
Y por favor hala
si me acerco a la puerta
y mis labios palidecen de sed de tu olor,
¡hala!, por favor si digo algo,
si digo abrazo, si digo aroma
o si digo te amo.
Hala la puerta y hala la bufanda,
¡hala!, por favor… hala.
¡Ah! cómo estás en mi garganta.

domingo, 4 de octubre de 2009

Caminaba por el filo de las veredas

Hoy siento necesidad de verte. Hoy siento que he dejado de jugar la vida. Que sin querer, irremediablemente, el juego ha terminado. Hoy empiezo a recordar lo que aprendí mientras pateaba piedras en la calle o caminaba por el filo de las veredas. No te asustes aún. No. ¿Crees que no me doy cuenta de lo que te estoy diciendo? Es verdad. Creo que llegó la hora de tomar las cosas enserio y dejar de corretear sin mirar al frente. No. ja! No tiene nada que ver con sentar cabeza y pensar en un futuro o en una familia. Sabes que odio esas cosas. Es todo ese ruido en mi cabeza cada vez que me callo para lograr escucharte sin conseguirlo jamás. Es toda esa luz quemada que ciega todo intento de ponerse de pie. Es la explosión de gas en el final del día, bailando endiablado en el horizonte y apuntándome brutalmente a los ojos cada vez que intento pensarte. Es eso lo que ha puesto fin al juego. Nada más.

Tu sigues siendo mi juguete. Más bien creo que pasaste de pieza, a tablero. Ríe. Sí JA ja ja ja. Sigue riendo por favor que eso siempre me dio fuerzas aún cuando peleaba contra ti. Sabes que sigo recordando y me veo aprendiendo a saltar en patines y alzando la llanta delantera de la bicicleta. Me veo pequeño, con brillo en los ojos, costra en las rodillas, y el infinito vació en el pecho… que nunca me ha abandonado.

Recuerdo esto porque necesito saber como se debe jugar. Sí, he dicho que el juego a terminado pero no la vida. La vida continua, antes la jugaba y hoy la voy a vivir.

Es terrible el miedo.

¿Me has creído una palabra de lo que has oído?

Es lata todo que he dicho hasta ahora.

En realidad no creo nada de lo que he dicho. Solo quería escribirte algo. De repente miré hacia arriba y una gota de tu color empezó a caerme en la cabeza. Fue divertido al principio pero luego el malestar aumentó al punto de querer lanzarme por la ventana, llamarte por teléfono, verte, solo verte. Pero me escupí las manos con cemento y a los pies los insulté con clavos de acero inoxidable. Siempre he temido a las enfermedades infecciosas.

Estoy sin saber que decirte para hablarte. Estoy sin saber que mostrarte para verte. Es estúpido pero me parece aun necesario. Sería increíble sentarte en la arena caliente de un parque y mostrarte el mar azul infinito del cielo, diciendo que frente a ti, pasando ese río sucio de autos y esa selva de animales fríos, está el mar de verdad y la arena para hacer castillos. ¿No los ves? ¿Inténtalo? Créeme. Esta vez no te estoy mintiendo. Inténtalo. Juguemos un poco.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ojalá nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna

Ojala nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna.

El sol en la mañana se levanta gritando con un estruendo silencioso,

despertando a los pájaros, a las fieras, a todo lo que de él se nutre.

La luna tranquila se asoma por un lado, a veces coqueta, a veces tímida.


Pocas veces se levanta temprano para verle a él. La mayoría del tiempo cada uno pasa por su lado.

El sol de una energía espléndidamente expansiva logra ver en el día el horizonte sin ninguna dificultad. Es territorial, le importa ver hasta donde puede llegar en realidad lo que quiere es ocuparlo todo, conquistarlo todo.

La luna no es territorial, su preocupación es el tiempo. En la noche no podrá ver toda la tierra, pero contará su pasó en el tiempo. Ella misma siente en su ser el estremecimiento de cada día. Todo el tiempo siente el movimiento del tiempo dentro de ella, una vez al mes su hermosura se desborda por todos lados, tanto es así que parece un círculo perfecto.

El sol es el que provee, la luna la que guarda, conserva en su frío la abundancia del calor.

Como quisiera que nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna, para poder verte y no verte todos los días en la misma medida.