miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ojalá nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna

Ojala nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna.

El sol en la mañana se levanta gritando con un estruendo silencioso,

despertando a los pájaros, a las fieras, a todo lo que de él se nutre.

La luna tranquila se asoma por un lado, a veces coqueta, a veces tímida.


Pocas veces se levanta temprano para verle a él. La mayoría del tiempo cada uno pasa por su lado.

El sol de una energía espléndidamente expansiva logra ver en el día el horizonte sin ninguna dificultad. Es territorial, le importa ver hasta donde puede llegar en realidad lo que quiere es ocuparlo todo, conquistarlo todo.

La luna no es territorial, su preocupación es el tiempo. En la noche no podrá ver toda la tierra, pero contará su pasó en el tiempo. Ella misma siente en su ser el estremecimiento de cada día. Todo el tiempo siente el movimiento del tiempo dentro de ella, una vez al mes su hermosura se desborda por todos lados, tanto es así que parece un círculo perfecto.

El sol es el que provee, la luna la que guarda, conserva en su frío la abundancia del calor.

Como quisiera que nos llevemos tan mal como el sol se lleva con la luna, para poder verte y no verte todos los días en la misma medida.